Perder es ganar un poco…

“Perder es ganar un poco…”. Esta frase se volvió muy popular en Colombia después que el Francisco Maturana, técnico de la selección nacional de fútbol, respondiera con esa frase luego de perder un partido. Desde ese momento pasó a ser parte de la cultura del país como una expresión cómica de justificar los errores y los desatinos. Pero por más que nos burlemos de Maturana, todos sabemos que la frase de cajón sí se ajusta a la realidad. Que de los errores y los fracasos se aprende, y que muchas veces perder en un aspecto puede implicar ganar en otro.

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Algunos proyectos que he desarrollado han terminado fracasando, por no decir que casi todos. Pero esos fracasos han traído aspectos positivos. Para mí, trajo mucho aprendizaje. Pero para la sociedad en general también ha sido benéfico. En este artículo quiero compartirles dos ejemplos de cómo los “fracasos” ayudan a la sociedad.

Calificar taxis

En el 2011, junto con un compañero de la universidad, empecé a trabajar en un proyecto para calificar el servicio de taxi en Colombia al que llamamos Taxipedia (El dominio que conseguimos fue taxipedia.co). En aquel momento, cuando aún no se habían masificado las aplicaciones como Tappsi, EasyTaxi o Uber, había un gran malestar con la forma en la que los taxistas de Bogotá trataban a sus pasajeros (Incluso peor que el malestar de hoy en día). Un concejal había creado un formulario para enviar denuncias de abusos de taxistas , pero la idea estaba muy mal ejecutada.

Taxipedia nació para recopilar denuncias de mal servicio, taxímetros adulterados, paseos millonarios y otros abusos por parte de los taxistas. Lo usuarios podrían entonces saber si el taxi en el que se montaron había sido denunciado, y los ayudaría a tomar decisiones que previnieran los abusos. También serviría para empoderar a los pasajeros y como escarmiento para los malos taxistas.

Taxipedia

El proyecto empezó a funcionar a buen ritmo. Un tiempo después encontramos que ya teníamos competencia. Se llamaba denunciealtaxista.com y a diferencia de Taxipedia no solicitaba que los denunciantes se identificaran.

Una de las primeras estrategias para diferenciarnos de la competencia, y con el que también se buscaba mejorar la imagen frente el gremio de taxistas, fue cambiar el modelo de denuncias a calificaciones. Nuestra innovación consistió en darnos cuenta que había muchos abusos, pero también muchos pasajeros satisfechos. Los usuarios pudieron castigar con una mala calificación pero también premiar con una buena calificación. Pasaron pocos meses para que nuestra competencia también incluyera la opción de felicitar taxistas.

La clave para saber quién saldría victorioso en la guerra por las calificaciones de taxis estaba en las calificaciones mismas. El proyecto triunfador sería aquel en el que los usuarios supieran que encontrarían la mejor información. Nuestra apuesta era en tener un control, mediante la identificación de los usuarios, de las calificaciones. Esto nos permitía desincentivar a los bromistas porque tendrían que registrarse o iniciar sesión (Y a la mayoría de ellos les da pereza), e identificar a usuarios que abusaran de la aplicación (Depurando, por ejemplo, a los que calificaban negativamente más de 10 veces al mismo taxi el mismo día). En otras palabras, nuestra apuesta era por mejor calidad. La competencia optó por la cantidad: sin autenticación los usuarios calificarían mucho más porque sólo entraban en la página, llenaban un formulario y la calificación se registraba. Era más fácil y más intuitivo. Ellos corrían el riesgo de llenarse de basura, y nosotros de no tener calificaciones.

Al final resultó más importante la cantidad. Un mayor número de calificaciones les dio la tracción para atraer cada vez más usuarios, que calificaban a más taxistas y que los hicieron cada vez más populares. Nosotros, casi sin usuarios, terminamos cerrando el proyecto un par de años después.

Pese a que terminamos perdiendo le dejamos algo positivo a la sociedad: si no hubiéramos ejecutado el proyecto hubiera sido más difícil que se popularizara la calificación de taxis, y la opción de premiar a los buenos taxistas probablemente no hubiera aparecido o se hubiera tardado mucho más en surgir.

Hoy en día (año 2015) la calificación de taxis perdió relevancia con el surgimiento de la aplicación de solicitud como tappsi y uber. La competencia se mantiene dominando ese mercado, pero ya incorporó nuestro modelo de autenticación de usuarios para prevenir abusos y sigue registrando a los buenos taxistas.

denunciealtaxista

Códigos postales

También en el 2011 (Probablemente tenía mucho tiempo libre ese año) creé una página web para buscar códigos postales en Colombia. Unos meses antes se habían lanzado oficialmente los códigos, y 4-72 (la empresa encargada de construirlos) había publicado un portal donde se podían consultar. La página era fea, lenta y poco intuitiva. Cuando yo, alguien que conoce de tecnología e internet, intenté buscar el código postal de mi casa duré 15 minutos descifrando cómo hacerlo. Mi pronóstico fue que una persona promedio en Colombia tendría muchas dificultades buscando su código postal.

Requirió poco esfuerzo encontrar la forma de interactuar con la página de forma automática, con lo que fue posible construir una interfaz amigable que solo le pidiera la dirección y municipio al usuario para desplegarle su código postal. En noviembre de 2011 publiqué el proyecto que, además de ser más intuitivo, permitía ser consultado en computadores con bajas especificaciones y teléfonos celulares. Todos los colombianos podrían consultar su código. A medida que se fueron promocionando los códigos postales, la página se convirtió en la principal fuente de consulta.

codigospostales

En agosto de 2013 (casi dos años después) me escribió una agencia digital que manejaba las redes sociales de 4-72. Estaban teniendo problemas con la cantidad de usuarios que se quejaban por no poder consultar su código postal en la página oficial, y tenían la intensión de que 4-72 mejorara su plataforma. Querían proponer que compraran mi aplicación, así que coordinaron una reunión donde me pidieron que asistiera. La reunión fue desastrosa. No solo no querían comprar, sino que aprovecharon que estaba presente para amenazarme que si no la cerraba me demandarían, afirmando que no tenía permiso de utilizar esos datos y que debía mostrarles el código de mi aplicación para que verificaran que no había “hackeado” su plataforma.

Ante mi negativa de cerrarla por no estar haciendo nada ilegal y dejando perfectamente claro que la plataforma de ellos era pésima, el webmaster, la que gestionaba la presencia digital y el secretario general amenazaron con un proceso legal y me dieron un plazo de 3 días para tomar una decisión. Me tocó buscar un abogado especializado en derecho digital, que me indicó que si iniciaban algún proceso legal tenía pocas probabilidades de prosperar pero sí podría demorar mucho tiempo y tendría un costo significativo. En ese momento no tenía el tiempo y los recursos que me permitieran enfrentarme a una empresa estatal, y aunque estaba beneficiando a muchas personas, decidí no meterme en ese enfrentamiento. Al día siguiente comuniqué mi decisión de cerrarla y autoricé a que una empresa independiente verificara el código (Era un código sencillo, pero no iba a permitir que ellos se lo robaran tan fácil).

Ese día murió el proyecto y también la imagen positiva que tenía de los empleados del estado. Pese a los problemas que tuve hay un lado positivo: un año después actualizaron la plataforma por una versión más fácil de usar (No tan buena como la que yo diseñé, pero seguro si es más fácil que la anterior). No es una victoria personal, pero el haber ayudado a que se dieran cuenta que su aplicación podía ser mejorada significa que el proyecto tuvo un impacto.

Seguir fracasando…

Muchas personas, después de contarles todo el tiempo y recursos que le dediqué a estos proyectos, dirían que es una pérdida de tiempo. Pero en un balance post-mortem se puede entender que más allá de lo personal estos esfuerzos tienen un impacto en la humanidad, que si bien en los dos ejemplos dados no son grandes (no revolucioné ninguna industria ni le cambié drásticamente la vida a nadie), sumando el de todos los que estamos haciendo esfuerzos de este tipo sí pueden ser significativos. Si cada uno de los colombianos hiciera una mejora o innovación, tendríamos 44 millones de mejoras. Tantas mejoras sí revolucionan y cambian vidas.

Entonces… ¿Qué esperan para seguir fracasando?

enero 8, 2015 | 1 comentario | Innovación

Comentarios

Herbert Andres Rodriguez Cadena
enero 9, 2015 7:34 pm

Lo del proyecto de taxi, una idea en pro de colaborar a un flagelo que es constante y que por la falta de denunciar no se hace visible, como los usuarios no diferenciamos realmente que es cantidad por valor agregado y calidad, solo presencia y no premiamos la funcionalidad, es difícil atacar el inconsciente colectivo de la sociedad digital, ahora bien, lo del código postal recuerdo que utilice tu proyecto e hice un post: https://blogcomercioelectronico.com/como-encontrar-el-codigo-postal-en/, después que no funcionó actualice el post, me causo curiosidad, no sabia que te había pasado eso, “infelices”, los negocios son una cosa caníbal y en digital, peor. Todo sucede por algo, ayuda a ser mejores en la premisa que la naturaleza tiene su mística y sabe porque hace las cosas, ver vídeo que postee en http://enigmasdelmundo.com/2014/10/la-historia-del-granjero-chino.html. Saludos Jorge.

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